responsable de lo que pasa en tu vida

¿Hasta qué punto crees que eres responsable de lo que pasa en tu vida?

La respuesta a la pregunta es para mí absolutamente clara: somos responsables 100%.

Cuando escuché por primera vez que somos responsables 100% de todo lo que pasa en nuestra vida, inmediatamente lo negué y pensé que no era cierto.

¿Cómo iba yo a ser yo la responsable de ciertas cosas que habían pasado en mi vida? Para mí no sólo no era posible, sino que me parecía una locura pensar eso. Me resistía a darle crédito. Era algo exagerado.

Ahora, con el tiempo, comprendo que todavía no era mi momento para comprender esta idea. Porque, a medida que me he ido conociendo a mí misma y adentrado en el desarrollo personal, me he dado cuenta de que esta idea es de hecho la base de mi crecimiento y de mi felicidad más profunda.

Desde luego, es más fácil echar la culpa de nuestros infortunios a alguien que asumir nuestra propia responsabilidad. El problema viene cuando te das cuenta de que si los otros son los culpables de lo que te pasa, el poder está en ellos, no en ti. Cedes tu poder y te quedas al albur de los demás.

Cuando fui consciente de que realmente era la responsable de todo lo que pasaba en mi vida, abandoné el personaje víctima. Ser víctimas nos encanta, es más fácil considerar que tus padres son los causantes de que actúes como actúas, de que tu pareja es la causante de tus desgracias, o tus amigos, o tu trabajo … ¡incluso el gobierno! Pero si abandonas el personaje, te das cuenta de que ya no tienes excusas. Conoces la verdad, estás frente a ti mismo. No hay nada fuera al que echarle la culpa. El papel de víctima y el drama deben esfumarse. Si no eres feliz, hay un único responsable: tú. Es duro. ¿no? Pero es honesto, es valiente admitirlo, y es la verdad.

Tenemos en nuestra mano todo lo necesario para ser felices porque tenemos la responsabilidad de dirigir nuestra propia vida.

Hay algunas consecuencias directas de asumir la responsabilidad al 100% a las que nos tenemos que enfrentar.

En primer lugar, nos hacemos creadores de nuestra realidad. Recuperamos el poder y nos hacemos fuertes.

En segundo lugar, dejamos de buscar fuera las causas de la infelicidad y miramos dentro.

En tercer lugar, al juzgar a los demás, nos damos cuenta de que en realidad lo que estamos juzgando es algo que no aceptamos de nosotros mismos. Algo que tenemos oculto, lo que algunos autores llaman “nuestra sombra”. Ahí fuera no hay nada salvo nuestras propias proyecciones. Así que, si en tu vida no te sientes valorado por alguien, pregúntate: ¿en qué punto no me estoy valorando? ¿me estoy comportando como una persona que merezco ser valorada? ¿merezco este nuevo ascenso? ¿me estoy comportando como una persona que merece un nuevo ascenso?

Y por último, nos damos cuenta de que, si nosotros cambiamos, todo nuestro exterior cambia. De hecho, es una de las leyes universales del Kybalion, la ley de la correspondencia: “como es arriba es abajo y como es abajo es arriba”, es decir el mundo exterior no es más que un reflejo de nuestro mundo interior. Si nuestro mundo exterior es un caos, hay que mirar qué pasa dentro de nosotros y solucionarlo dentro.

Ejercicio: En silencio y de forma individual piensa y escribe algo desagradable que te ha pasado en la vida donde culpaste a los demás de lo sucedido. Descríbelo con todo lujo de detalles lo que pasó. Después de haberlo recordado, haz una pausa, respira profundamente varias veces, ponte la mano en el corazón y recuerda el hecho poniéndote en el lugar de la otra u otras personas que intervinieron e intenta ver cómo lo veían ellas. Imagina que es una película en la que el protagonista no eres tú, sino las otras personas. Repasa lo que escribiste y sé sincero en cuanto a las críticas que hiciste. Ahora hazte la siguiente pregunta: ¿has creado tú esta situación? ¿te vino bien lo sucedido para entrar en el victimismo y en el drama? ¿las críticas de las otras personas podrían ser críticas que te haces a ti mismo?

Espero que esta experiencia de encuentro con la responsabilidad, te ayude en tu paz mental. A mí me ayudó mucho y te puedo decir que asimilarla no fue cosa de un día, sino de largo tiempo de trabajo interior.

Gracias por leerlo.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *